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“UNA MIRADA A LA OTRA CARA DE LA NIÑEZ”

septiembre 12, 2008

maltrato-infantil

A dos horas de su casa Daisy, Aleiser y Mary, junto con otros niños que oscilan entre los 6 a 12 años de edad, se encuentran en las cocaleras (cultivos de la hoja de coca) trabajando con sus padres, cuando de repente Daisy de ojos verdes, cabello rubio, alta, delgada y la mayor de los tres hermanos, empieza a quejarse por un “accidente laboral”, accidente que tuvo al estar raspando coca, en ese momento todos sus compañeros se asombraron al ver sus manos llenas de sangre y se acercaron a ella dándose cuenta de que por un machetazo se había cortado un dedo. De repente alguien grita: ¡rompa el pantalón, amárreselo y vuelva a trabajar! Ella, sin poder quejarse y sin llorar continúa con la labor asignada.

Esta es una de las tantas historias que viven diariamente los niños del campo al obedecer las ordenes de sus padres quienes en algunas ocasiones se ven influenciados por otros.

Pero, ¿Acaso está legalizado el trabajo para menores de edad?, Según la Organización Internacional de Trabajo (OIT) “un criterio clave en la definición del trabajo infantil es la determinación de una edad mínima para trabajar, por lo que en la convención número 138 se fijó como edad mínima general la de 15 años, así como una edad mínima de 12 ó 13 años para los trabajos ligeros y de 18 años para los peligrosos”.

A pesar de que la OIT prohíbe el trabajo antes de los 16 años, estadísticas de la ONU, revelan que cerca de 250 millones de niños y niñas entre 5 y 12 años trabajan en el mundo para sobrevivir, 150 millones de ellos a tiempo completo, es decir jornadas laborales de más de 10 horas. Sólo en América Latina más de 20 millones son explotados en trabajos, que en el mejor de los casos les impide ir a la escuela con regularidad y en la mayoría de las ocasiones, suponen un peligro para su salud y para su desarrollo físico y psíquico.

Frandeiver un niño de 10 años se levanta cada mañana a las cinco, cuando el gallo comienza a cantar; la primera obligación que tiene según le han enseñado sus padres es lavarse los dientes, para luego dirigirse a la parte trasera de la casa a ordeñar (sacar leche de las vacas), ésta es una de las muchas labores que realiza este niño, el mayor de 4 hermanos de una familia de la vereda Unión Naranjito perteneciente a Sabana Grande; una inspección de policía del municipio de Sucre ubicada en el departamento de Santander- Colombia que limita al norte con el municipio de Bolívar, al sur con el corregimiento de la Granja y la Inspección de San Isidro, al oriente con el municipio de Sucre (su cabecera municipal) y al occidente con la inspección de Árales.

Según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) “el trabajo infantil es inapropiado si: es con dedicación exclusiva a una edad demasiado temprana y si se pasan demasiadas horas trabajando pues el trabajo provoca estrés físico, social o psicológico indebido si se trabaja y se vive en la calle en malas condiciones, si el salario es inadecuado y el niño tiene que asumir demasiada responsabilidad por otra parte el trabajo impide el acceso a la escolarización e impide conseguir un pleno desarrollo social y psicológico”. Entonces, a partir de lo expuesto cabe preguntarse sí: ¿los niños del campo trabajan por la situación de pobreza o por la cultura en que nacieron?, ¿Son explotados por grupos armados al laborar raspando coca? y ¿Acaso eso es un trabajo digno?.

Paula González, Consultora de Trabajo Infantil de la Subdirección de Intervenciones Directas del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), considera que hay tres razones para que exista la explotación laboral infantil: “primero, creencias culturales, con las cuales se cree que sí los menores trabajan desde edades tempranas se vuelven más responsables y se alejan de los vicios; segundo necesidades económicas, pues los padres consideran que con el trabajo de sus hijos se logrará salir de la pobreza, pero esta afirmación es errónea puesto que genera en los menores problemas de salud y desinterés hacía el estudio y por otra parte las mujeres en estado de embarazo en especial las adolescentes esperan a que sus hijos crezcan ya que ven en ellos una opción para suplir sus necesidades teniendo en cuenta que esto sucede especialmente en áreas rurales”.

La Convención sobre los Derechos de la Infancia, firmada en 1989, obliga a: “los gobiernos a proteger a los niños de la explotación económica y de realizar ningún trabajo que pueda ser peligroso o interferir en la educación del niño o que sea peligroso para la salud física, mental o espiritual del niño o para su desarrollo social”. Entonces Frandeiver y Daysi ¿Son explotados laboralmente o no?.

La explotación laboral infantil genera desigualdad pues los niños (a) trabajadores no tienen los mismos derechos, ni oportunidades que los niños que no trabajan; por otro lado, los niños que trabajan sufren de enfermedades crónicas, retraso en el crecimiento, agotamiento y abusos físicos; además estos niños viven en un ambiente adulto, muchas veces hostil que los afecta profundamente, hace que pierdan la autoestima, que no se adapten bien a la sociedad y que tengan traumas para toda la vida; finalmente genera el abandono prematuro de las aulas; pues un menor de 18 años, no puede asistir a la escuela y cumplir con largas jornadas de trabajo pesado al mismo tiempo.

Las consecuencias mencionadas se evidencian en Sabana Grande, el Padre Nelson encargado de la Iglesia de Santa Teresita, ubicada en el centro del pequeño pueblo, afirma: “existe una falta de educación de la comunidad”.

Las personas que la conforman en su gran mayoría son analfabetas, alcanzan hasta 5to de primaria y son muy pocos los que se gradúan como bachilleres, por otro lado la cultura de esta zona es diferente a la de la ciudad, la mayoría de los habitantes son agricultores y viven de lo que cultivan, otros de raspar coca, no existen vías de acceso ya que no hay carreteras y por donde se transportan es trocha (piedras grandes y lodo) y la única forma de comunicación es por medio de una emisora comunitaria, pues el gobierno aún no se preocupa por las problemáticas que ocurren en la llamada zona roja (lugar en donde se encuentran grupos al margen de la ley)”.

Luego de ordeñar las vacas, el niño se dirige a la cocina donde su madre la Sra. Arjelis, le prepara el mismo desayuno de todos los días, que además es un plato típico de la región, un delicioso tinto caliente (café sin crema), con queso, molidos (masa de maíz molida con dulce) o una almojábana cuyo nombre deriva del árabe ‘almugábbana’ que significa mezcla hecha con queso que ella misma prepara, además de víveres, ponqués o dulces que compran cuando “viajan” hasta Sabana Grande; ¡sí viajan!, pues en vista de que no se cuentan con vías de acceso (carreteras), las personas se ven en la necesidad de escalar una montaña de desechos como ellos la llaman pues está llena de pasto y estiércol, conocida como “la peña” que es similar a subir Monserrate tres veces y volverlo a bajar, la travesía dura entre 3 a 4 horas.

Luego de desayunar se ducha en lo que podría llamarse un “baño”, una manguera con agua recolectada de la lluvia de la noche anterior, usualmente suele llover en este lugar en las noches como hasta las cuatro de la mañana, cabe aclarar que ésta es el agua con la que cocinan, se bañan y dan de comer a sus animales, el agua nace de las cascadas cerca del lugar y de donde cruza un río.

Después del baño se encuentra con sus primos, pues en la vereda casi todos son familia y se dirigen acompañados de sus padres hasta las cocaleras, emprendiendo un viaje lejos de sus casas. Son las 8 de la mañana y comienzan de nuevo un día de trabajo, tienen que entregar un bulto de hojas de coca, por lo que les pagan $15.000 pesos (casi 9 dólares), todos están concentrados en su labor cuando de repente Daysi, su amiga comienza a gritar, sus gritos son inútiles pues le toca seguir en su labor. Ella se ha cortado un dedo, se lo amarra y lo único que hace es agarrar su machete (cuchillo largo que se utiliza en el campo para cortar hojas y madera) y seguir trabajando. Siendo la una de la tarde vuelven a sus casas a darse de nuevo un baño, a Daisy le colocan un remedio casero (café) en la herida y tratan de amarrar su dedo para que no se le caiga, todo esto lo hacen porque no tienen acceso a un medicamento y mucho menos a una clínica. Mientras almuerzan le cuenta a su madre con la fuerza de un hombre y como si no hubiese sentido nada lo que le ocurrió cuando trabajaba; su madre le dice que debe leer practicar ya que por ir a trabajar no se ha dedicado a estudiar y debe al menos terminar su primaria, y ella pregunta: -¿como hacer para cumplir mis sueños?

Retomando el concepto de trabajo infantil, éste abarca una rama de actividades muy diferentes. Algunas de ellas entran en la categoría de la explotación laboral infantil, cuando las condiciones de trabajo dificultan la escolarización y cuando son abusivas, peligrosas o nocivas para su bienestar y en definitiva, afectan a su desarrollo físico, mental, social o espiritual. Por el contrario, algunas otras actividades pueden ser beneficiosas y estimuladoras en el desarrollo del niño en todos esos planos, sin interferir en su escolarización.

En lo que se refiere al trabajo infantil en condiciones de explotación, la UNICEF considera que tiene las siguientes características: trabajo a tiempo completo a edad demasiado temprana; horario laboral prolongado; trabajo que producen inadecuadas tensiones físicas, sociales o sicológicas; trabajo y vida en la calle en malas condiciones; remuneración insuficiente; excesiva responsabilidad; trabajo que obstaculiza la escolarización; trabajo que socavan la dignidad y autoestima, como la esclavitud, el trabajo servil o la explotación sexual.

Por otro lado, la explotación laboral infantil tiene diferentes modalidades: trabajo doméstico; servil o forzoso; de explotación sexual con fines comerciales; industrial y en plantaciones agrícolas; en la calle; para la familia. Los niños son a veces preferidos por resultar más dóciles, rápidos, ágiles y baratos que los adultos. Pero suelen tener más riesgos de sufrir accidentes, debido a la inseguridad de sus condiciones laborales, su inexperiencia, la fatiga, o a que los lugares de trabajo están diseñados para los adultos.

Por su parte, La UNICEF establece que hay dos tipos de niños trabajadores: “Aquellos que dentro de las familias campesinas o artesanas trabajan para ellas mismas y por la situación de pobreza, la falta de infraestructura o la ausencia de garantías sociales necesitan de los brazos infantiles. El niño puede trabajar algunas horas al día e ir a la escuela o en otros casos puede que trabaje todo el tiempo, pero no se puede hablar de explotación sino sólo de miseria”.

En vista de que el fenómeno de la explotación laboral infantil continúa siendo una de las mayores preocupaciones tanto en países de bajos recursos como en los desarrollados, entidades gubernamentales y no gubernamentales, han implementado programas para la erradicación de este problema social y cultual. En el caso de Colombia a través de la Secretaría Distrital de Protección Social esta llevando a cabo el Proyecto de Prevención y Erradicación de la Explotación Laboral Infantil, el cual pretende, en palabras de Ángela Marcela Acosta, periodista de la Oficina de Comunicaciones de la Secretaría en mención: “como su nombre lo indica, prevenir y erradicar progresivamente el trabajo infantil a través de la atención integral de los niños menores de 18 años que estén explotados laboralmente o que estén en riesgo de estarlo. Esta atención también involucra a las familias a través de los centros AMAR y de otro componente que es de formación integral”.

Por otra parte, la Concejal Clara Sandoval del Partido Cambio Radical, quien se ha visto muy preocupada por esta problemática, esta promoviendo dos proyectos, según su Jefe de Prensa, Ingrid Pinzón:

“1) Debate de control político en el que se pretende revisar el funcionamiento de los proyectos del Departamento Administrativo de Bienestar Social (DABS), ya que a pesar de éstos todavía hay niños en los semáforos, por lo que los resultados no son muy notorios y 2) existe un Proyecto de Acuerdo en el que se propone que algunos Jardines de Bienestar Social presten servicio nocturno, pues en varias ocasiones los padres de familia no tienen con quien dejar a sus hijos, por tal motivo se ven en la obligación de llevarlos a su lugar de trabajo, lo que genera que poco a poco los niños vallan presenciando y terminen vinculados en estos lugares”.

Ante esta situación tan desalentadora se requieren fuertes medidas. Una posible propuesta sería que las personas que someten a los niños a explotación laboral sean judicializados, pues esto no tiene razón de ser, no es justo que la niñez tenga que cambiar sus útiles escolares y juguetes por instrumentos de trabajo a través de los cuales asuman la responsabilidad que deberían cumplir sus padres.

Como se dio hace tres meses en Santiago del Estero, una provincia argentina situada al norte del país en la que sus diputados aprobaron una ley que penaliza el trabajo rural infantil y establece altas multas. Ángel Llamazares, autor del proyecto aprobado por unanimidad, explicó que: “se intenta lograr que los niños cumplan el ciclo natural que les corresponde a su edad”.

Así Frandeiver, Daisy y los otros niños de la vereda Unión Naranjito y de las otras veredas con la ayuda del gobierno nacional podrían por medio de ésta propuesta o de otras que se planteen llevar a cabo la implementación y mejoras en la cobertura de la educación, salud y vías de acceso (carreteras), de esta manera tendrían esperanzas para un futuro mejor; ¡claro! teniendo en cuenta que los grupos al margen de la ley comprendieran esta problemática y con ayuda de los padres se erradicará en gran porcentaje la explotación laboral en los menores.

La crónica parte de una experiencia vivida en diferentes veredas de esta zona, se tiene pensado ampliar la investigación en una visita en Diciembre de 2009

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One comment

  1. hey qué buena crónica, el trabajo periodístico de investigación tiene profundidad y vale la pena hacerlo conocer al lector. Un abrazo.



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